豫园: De Safari en el Caos Acechando el Objetivo Rojo

Hace dos días salí de casa con la música en los oídos y me dirigí a un lugar visto por mis ojos incontables veces. Es uno de esos lugares que aparece en todos los folletos y que ha sido completamente modificado y/o restaurado para que así sea. Ayer me hice entre sus calles pero y como ya es costumbre de mi relación con este lugar, me escabullí por las callejuelas más estrechas y sucias, las que dan paso a otro mundo, uno ajeno y excluido al de los folletos.

 

A saber:

 

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(甲午年腊月初二)

 

El lugar, 城隍庙 o 豫园, destaca entre los espacios de este Shanghai por un jardín cuantioso, que tomó casi veinte años en ser construido y a cuyo término había ya arruinado a la familia propietaria; los costos de la construcción sumados a los de su mantención trajeron la desdicha al entonces gobernador de la provincia de Sichuan quien después de morir dejó en herencia este pénsil a 张肇林.

 

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Yo me interno entre esos escuetos rincones atestados de suciedad y bullicio. Mucha gente camina arrastrando grandes bolsas de plástico con sus compras al por mayor, otras sólo miran y llevan una bolsita colgada de la muñeca con algo que en verdad no necesitan pero que sí les sorprendió por novedoso o quizás porque el precio y aunque saben que no durará más de una semana. Yo, como depredador hipnotizado por el olor de la sangre cercana, me acerco a esos puestos del mercado bañados en rojo, que son los que vine a buscar.

 

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El jardín allá, a pocas calles de donde me encuentro, atrae a cientos de turistas todos los días y sin importar si hábil o feriado. El jardín allá, a tan pocos pasos, que transformado en mercado costoso tiene también un templo y precios desiguales, sujetos siempre al añoso arte del regateo. El hermoso jardín allá, que no tan lejos dista mucho de lo que vine a buscar: a mí alrededor son nulos los extranjeros, cero el número de cadenas de comida rápida y cafés sobrevalorados, acá no hay suvenires con falsos tildes artesanales.

 

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Si vine hasta este vericueto de Shanghai no fue por su historia ni por ser querer recobrar el largamente olvidado sabor de ser turista, hace rato que perdí las ganas de volverte a recorrer así, ciudad convulsionada, vine hasta este lugar porque sé, tiene las fotos que vine a buscar, esas fotos en las que prima el rojo y que representan de la mejor forma estos días que le preceden a la celebración de la segunda luna nueva que le siguen al solsticio de verano acá en esta cultura. Acá, en este mercado humano, tan cerca del mercado turista, me topo con cubículos estrechos agotando los espacios con productos y miles de repeticiones, apilados todos y sin pudor, acá me enfrento con la verdad de tu nombre, Shanghai, acá está China en tu suelo, acá.

 

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Más, si hay algo que decir, puedo agregar que me llevé las fotos que fui a buscar y en buena parte quedé conforme; me traje también fotos misceláneas porque no se puede siempre trabajar.

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