Envenenar un dígito por no saber esperar

Vetusto Mensaje:

 

Vengo a despedir los números aquí. Vengo hasta este punto a despedir los números porque los días son días y se suceden como tales; los días son días y los años no existen. Hago esto porque quiero apurar la salida de este dígito que tanto me ha perseguido y que tanto ha pesado por tanto tiempo tanto, todo, tan espeso y tan sofocado. Subo a esta cima al encuentro con el que he construido hasta hoy, al encuentro de los eventos, ejercicios y actividades que este que ya soy sabe y en los que incurrirá; todos esos los acontecimientos que debo, que me debo porque el dígito que ya pronto se va, tanto todo me lo negó.

 

(甲午年冬月初十)

 

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Shanghai, muéstrate como siempre has prometido y desviste tus calles de ese velo que nubla cada paso y agobia cada respiro, desfragmenta así la ecuación de sus obstáculos para entonces recibir mi paso lento como tibias paredes en constante convulsión: centrífuga, centrípeta. Acoge Shanghai mi voz que sabe cantar como brisa primaveral el nombre de tu tibieza en el oído de tus transeúntes cuando solos en el metro; un racimo de oraciones callando frenéticas, la soledad con que nos vigilas. Sé, Shanghai, cuanto dicen eres todos estos que nos miran cuando no sabemos tú extender tu mano ni yo salir a cogerla porque el soplo del amanecer no lo he visto jamás como tu noche promete hemos de verla tras tu horizonte y en mi cama como la verdad de un nuevo día, una sempiterna oportunidad.

 

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Ronronea ciudad, gime y maúlla tu alarido de anciano desvalido, canta con tu voz de lucha y esgrima, con ese volcán en la garganta que se debate por entre los canales en los que desemboca el denso aire que espeso nos detiene al avanzar, afluentes escuálidos que prueban de tu tono en erupción que es todo, que nos nombra a todos envueltos en tus nocturnas luces deslumbrantes; hipnotizados todos siempre frente a tu río como meridiano torcido tocemos, buscando un rincón inexistente en el cual recordar cómo era el tiempo que predijo a este en dentro de tus anillos concéntricos, este instante ahogado sobre el mar que nunca vimos, un mar lejos del otro que vi atardecer tantas veces yo en mi pasado.

 

Damuqiao

 

Buenas noches digo por declinar, buenas noches a este dígito frío de horizontes mentales que ya nos deja en esta ciudad.

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