Nunca llegué a ver el parque

 

Esto es un homenaje

 

(壬辰年二月初七)

 

 

El día en que nunca llegué a ver el parque había tenido que ir hasta una zona de Shanghai donde el metro se queda con manitas de tiranosaurio rex y no llega; luego de la estación terminal de línea uno (莘庄站) me tomé una micro y anduve más de diez paraderos, trece o quince. Cuando me bajé tuve que caminar otros veinte minutos.

El día en que nunca llegué a ver el parque me levanté temprano y fui a este lugar, no me tomó mucho, unos minutos nada más; mucho más me tomó llegar y devolverme: caminé de vuelta hasta que encontré un paradero y me tomé un algo que me llevara de vuelta a 莘庄y estando ahí decidí que nunca había logrado ver un jardín botánico que hay por acá en los Shanghai.

 

 

Así fue como el día aquel y estando en esa estación terminal de línea uno me embarqué en la búsqueda de conocer el lugar y las flores.

Para mi fortuna y cuando me acercaba a mi destino encontré: en la esquina en la que asomaba la puerta del parque, también se bosquejaba un pequeño mercado como no los hay acá; era como una feria al aire libre de las que vi cuando no estaba acá, tan poco común ha de ser acá.

No pude esconder el obvio interés que mis ojos exudaban por lo brillosos y me encarné en el pasillo corto en donde desfilábamos los compradores y mirones. Encontré vegetales, animales vivos (tal cual se les acostumbra consumir incluso en esta ciudad), ropa usada y nueva, y muchas caras particulares.

 

 

Cuando más me adentré en la marcha perdida en ese rinconcillo de Shanghai me encontré con una, dos y más vistas de esas pequeñas callejuelas estrechas que son un aroma de pastelería para mí y me llaman a encontrar, obviamente no me resistí y me dejé pasear por entre las pobrezas físicas y las riquezas de sus sonrisas. Salí por encontrar unas flores y las encontré, mas nunca llegué a ver el parque.

 

 

Esto es un homenaje.

Esto es un homenaje y porque el día en que nunca llegué a ver el parque me volví a escabullir entre aquellos trocitos de antigüedad, esas fachadas de pobreza que aún conserva esta ciudad de luces LED y construcciones desmedidas, de idiotas sorbiendo gangrena desde las pantallas y desnaturalizados hipócritas derrochando imágenes vacías, pomposas y costosas; ese día en que como siempre me llamaron la atención esas ratoneras de ciudad que son las que esconden los más grandes tesoros y una de las pocas fuentes seguras de las últimas sonrisas sinceras y abiertas como herida de desengaño que acá se puedan descubrir.

 

 

 

Esto es un homenaje a las personas que no nacieron en este Shanghai y dejaron de labrar sus tierras más fértiles incluso que la puta economía que se revuelca en este puerto, que dejaron los amaneceres de sus campos por engañados y salir en busca de una felicidad de la mano de las pantallas táctiles y esa descarada manzanita mal mordida que desintegra los espacios de dignidad que nos están quedando. Este pequeño post es para ellos, que son los que logran que esta ciudad se mantenga en pie, que son los que vinieron y vienen por millones todos los años en busca sin encuentra, que son los que trabajan en donde los participantes de esta falacia no miran y se trasparentan relegándoles a los repudios físicos en donde los encontré.

 

 

Sin ellos, no hay un trabajo tan digno.

Sin estas personas, todo esto, se viene abajo.

 

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