La tumba del inmortal desterrado

El año nuevo quedó atrás y con él la borrachera de ilusiones con la que nos llenan los calendarios, el frío está pataleando sus berrinches en Shanghai mientras todos se asoman sobre la pandereta a ver si la nieve, si la primavera o si la luna.

 

 

 

(壬辰年正月十八)

 

El último día de viaje de año nuevo nos fuimos a visitar una tumba que cuenta con más de mil años resguardando la voz física de quien fuera un gran poeta chino, uno con habilidades que sobresalían de entre el resto, habilidades que intentó hacer valer durante el tiempo de su vida, con la cuales persiguió reconocimiento y encontró aventura, construyó leyenda y por sobre todo, legó más que poesía.

Li Bai, Inmortal Desterrado, viajero incansable de la estela del Peng, amante inconsolable de la luna, certero de su reflejo e incólume bajo el peso de los reinos. Este hombre, que de hombre como tal al fin no mucho sabemos, porque se pierde entre las borracheras, las subidas a la montaña, las expediciones de séquito de guerra, las interminables travesías al filo de la espada y el secreto de su familia y estirpe; este hombre me ha arrebatado el aliento cuando he cruzado el umbral de una pequeña construcción, hacia un patio trasero, una como tantas he visto, una pequeña estructura con un altar o estatua frente a ti (y pinturas en las murallas de los costados) y que al darle la vuelta te encuentras con una puerta que siempre te lleva hacia escaleras u otro cuarto.

 

Esta es una de las piedras de su tumba original, la que vi había sido restaurada. Ésta piedra cuenta con las inscripciones de aquellos años.

 

Cuando llegué al parque memorial, tomé la dirección equivocada y comencé el camino por donde éste terminaba; a los demás visitantes –que no eran muchos para mi mayor disfrute– me los enfrentaba cuando venían de salida y yo sin entender. Doblé por un par de pasajes y me encontré este edificio como un pabellón, uno que subestimé, que me sorprendió porque al ser simple, escondía, como todas las que son de la misma naturaleza, un gran tesoro.

 

Sobre la tumba crecen hierbas, en ellas reposaban los esqueletos de unas hojas con sus semillas; ahora me acompañan en mi lugar en Shanghai.

 

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